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El debate como apuesta para la construcción de ciudadanías universitarias

Germán Andrés Cortés Millán (Colombia)

[email protected]

Magíster en Planeación Socioeconómica

Universidad Piloto de Colombia

Recibido: 27 de mayo de 2015 Evaluado: 2 de febrero de 2016 Aprobado: 15 de marzo de 2017

¿Cómo citar este artículo? Cortés, G. (2017), El debate como apuesta para la construcción de ciudadanías universitarias. Panorama, 11(20).

Resumen

El siguiente artículo sintetiza toda una experiencia investigativa que hizo parte del macroproyecto Formación de ciudadanía en diferentes escenarios urbanos, desarrollado en el año 2014 bajo la responsabilidad del grupo DHEOS, y que tuvo como elemento diferencial el escenario universitario y sus distintas prácticas, especialmente las que tienen que ver con metodologías discursivas alternativas, que dan cuenta de nuevas formas para la construcción y comprensión de ciudadanías en espacios educativos formales. En el proyecto de investigación se ponen en evidencia aspectos conceptuales y metodológicos que permiten clarificar la práctica del debate y sus improntas epistemológicas en el contexto universitario, y se establece además su relación directa con categorías propias de las ciudadanías emergentes. Para esto se convocó un grupo de estudiantes pertenecientes a tres universidades latinoamericanas, quienes a partir de sus narraciones permitieron dar cuenta de su experiencia como debatientes durante un periodo de 5 meses que incluyó formación y experiencia práctica en el espacio de Debates en Psicología, promovido por la Facultad de Psicología de la Universidad Piloto de Colombia.

Palabras clave: universidad, debate, ciudadanía, política, jóvenes

Algunas consideraciones históricas

Para comenzar esta discusión respecto al debate y a sus alcances con relación a

la formación ciudadana en contextos universitarios, vale la pena referir algunos de

los elementos históricos y contextuales que le dan sentido a su práctica y a sus intencionalidades más contemporáneas, que si bien dentro la literatura y la misma pragmática discursiva resultan muy amplios y hasta divergentes, son por demás muy pertinentes para el ejercicio investigativo.

En este sentido histórico y contextual, se da como indispensable hacer alusión a los aportes realizados por Aristóteles y su apuesta por la Retórica, la cual denominó como una disciplina teórico-práctica relacionada directamente con el arte de la elocuencia de la oralidad, en la que la persuasión y la exposición de argumentos resultan siendo protagonistas indiscutibles. Dicha disciplina pareciera integrar exhaustivamente -en momentos en los que la crisis de la verdad absoluta era evidente-elementos filosóficos, lingüísticos, estéticos y psicológicos, que fueron fundamentales tanto para los análisis éticos y políticos de textos literarios (López, 1995), como para la expresión persuasiva pública que incluía reglas y patrones de composición oral.

Esta apuesta logró ser parte de la dinámica convencional del diálogo público y se sostuvo quizás hasta principios del siglo XIX, e incluyó en su estructura componentes de soporte como la invención, entendida como el hallazgo o el entramado argumentativo por donde se va a encontrar el orador; la disposición, entendida como la organización y la estructura de desarrollo del ejercicio oratorio; la elocución y la pronunciación, que hacen referencia principalmente al estilo utilizado ante el auditorio, y la memoria, que consiste en la aplicación de ciertas reglas para hilar el texto del discurso sin olvidar las condiciones propias de la conversación ni el sentido de la misma. Es así como el discurso y la oratoria, desarrolladas dentro de la retórica antigua, pueden considerarse como arte activo en la medida en que logra integrar dinámicamente elementos propios del contexto, con elaboraciones propias del discurso científico (López, 1995).

Siguiendo con esta línea, cabe mencionar que hablar del discurso y de prácticas argumentativas es principalmente hablar de lo humano y de lo social al mismo tiempo, tal y como lo menciona Aristóteles en el Zoon Politikon, lo humano y su condición social y política se establece a partir del lenguaje y la palabra (Ramírez, 2008). En este sentido, cada asociación con lo humano, principalmente las formuladas desde las ciencias, terminan incluyendo el sufijo expresivo logos, el cual indica de manera sustancial la armonización entre pensamiento y lenguaje, que finalmente termina traduciéndose en discurso y textualización. Dicho asunto claramente se convierte en una de las apuestas fundamentales de la sociedad actual y de la ciudadanía en general, precisamente porque al adquirir dominio sobre la lengua se reconoce, por un lado, el mandato y la definición estructural determinada por el establecimiento y, por otro, se pueden desarrollar y organizar apuestas argumentativas alternativas y, si se quieren, contrainstitucionales.

Ya lo expuso en su momento Bacon en el siglo XVI, al referirse al lenguaje como sustento propio de la razón y el conocimiento. Estableció que para el dominio propio de la naturaleza debe existir una utilidad práctica del mismo, es decir, un contacto directo entre el saber y el contexto en todos sus sentidos; dicha idea finalmente termina fundamentando una de sus tesis máximas como es la de “saber es poder”, noción que bien hace parte del debate científico contemporáneo, ya que expone la relación directa entre la actividad científica y las leyes de la naturaleza, dentro de las que se encuentra explícitamente la expositividad y la argumentación como soporte de todo esfuerzo por comprender el universo (Ramírez, 2008). En esta misma línea, George W. Hegel, en el siglo XIX, establece que para el logro mismo de los propósitos humanos es necesario la utilización de las leyes de la naturaleza, incluso para contradecir o continuar desarrollando la ciencia en su magnitud. En este sentido, la ciencia misma se cataloga como el escenario perfecto para la actividad argumentativa, propositiva y si se quiere transformadora, siempre en función de conseguir la respuesta “verdadera” y “conveniente” (Ramírez, 2008).

Con lo anterior se pone de manifiesto el debate inacabado de lo moderno y lo posmoderno, el cual parece también hacer parte de las discusiones sobre lo lingüístico y lo argumentativo, y es que esa lógica formal, asociada principalmente con las formas de pensamiento matemático positivista, se considera como hegemónica en el escenario moderno, por su estructura y por su evolución (Ramírez, 2008). Es aquí donde se instalan de forma natural las tradiciones exogénicas, propias de las filosofías empiristas del conocimiento, y las endogénicas, propias del racionalismo (Gergen, 1983), las cuales parecen no responder a la pregunta sobre cómo se adquiere conocimiento y cómo se evoca lingüísticamente, más si continúan acentuando aquella distinción entre el mundo exterior y mundo interior (Rorty, 1979).

Sin embargo, y como respuesta a estas tensiones, se establecen también para las apuestas lingüísticas una serie de consideraciones que parecen poner al sujeto en contextos propiamente relacionados con las mismas formas de vida en las que se construyen significados y, a su vez, relaciones sociales mediadas por el lenguaje (Wittgenstein, 1953). Son estas apuestas, si se quiere científico-sociales, las que a su vez constituyen nuevas formas epistemológicas que ponen al lenguaje social al servicio de lo humano y, por lo tanto, establecen nuevos marcos de comprensión de la realidad social, asunto que termina siendo más que determinante en la apuesta discursiva y argumentativa en el mundo contemporáneo.

La palabra, la argumentación y el debate en la construcción de ciudadanía

Si bien lo anteriormente mencionado permite reconocer un panorama histórico y situado respecto al sentido propio del lenguaje y la argumentación, la reflexión central del presente artículo se circunscribe más en la relación existente entre el debate y la construcción de ciudadanía principalmente en contextos universitarios; dicha relación pareciera poseer en principio insumos o categorías complejas e interdependientes, que finalmente resultan significativas tanto para la comprensión misma de lo educativo, como para la comprensión de lo político, lo público y lo juvenil.

Para desarrollar este marco relacional, y poner en perspectiva finalmente el debate académico como algo más que una expresión metodológica o didáctica, que nutre la formación de competencias, se puede comenzar por clarificar que, por definición, la retórica se considera como el arte mismo de la argumentación, en el cual se hace de la influencia o la persuasión una estrategia para lograr no solo convencer sino seducir a los interlocutores, para así lograr incluso cambios comportamentales y afectivos (Montero, 2002). Claro que, siendo consecuentes con la complejidad del escenario argumentativo, también vale referir que en el proceso argumentativo es posible utilizar sistemáticamente comunicación hostil o conflictiva, que rompe o evita cualquier posibilidad de interlocución (McDermott, Cowden y Koopman, 2002).

Con esto lo que se evidencia es la amplia perspectiva en la que circula el escenario argumentativo, en la que finalmente se expone el mundo simbólico relacional y político, que incluye principalmente la dimensión ética, a partir de la actividad práctica propia del argumentar. Según esto, el escenario de discusión y puesta en marcha del debate bien se puede considerar como socialización misma, en el sentido que posibilita, a partir de la interlocución activa entre socializadores y socializados, la representación del mundo y la construcción misma de la subjetividad. En este sentido, el debate -entendido como escenario propio de socialización-es un proceso tanto de identificación y de pertenencia como de construcción identitaria marcada por un insumo relacional, que al final determina lo que para la nueva ciudadanía puede denominarse como pensar para y con los demás, es decir, afianzar el pensamiento crítico sobre sí mismo, sobre su realidad constitutiva y sobre sus relaciones (Ramírez, 2005).

En esta dimensión relacional, que claramente acoge las prácticas argumentativas en la construcción de ciudadanía, cabe la distinción respecto de la intencionalidad propia de la discusión, que si bien, como anteriormente se menciona, posee la potestad de crear lazos, comunidades y procesos, la misma posee horizontes diversos que van desde la cooperación o la solución justa ante situaciones comunes, que incluye reglas dialógicas y, si se quiere, democratizantes, hasta la polémica impositiva, la cual pretende persuadir, a partir del argumento, interlocutores con posiciones distantes (Cattani, 2003). En este sentido, lo lingüístico y cada uno de sus componentes interdependientes, como son el significado, la emocionalidad y hasta la misma historia, constituyen el marco de sentido para la construcción de realidades sociales (Bruner, 1988), en el que de manera evidente se encuentran tanto la construcción de lo político como también de lo público; categorías estas que se consideran como parte de la ciudadanía contemporánea y que, en definitiva, ponen en circunstancia la importancia de la formación argumentativa y su exposición en prácticas de debate.

Tensiones y perspectivas. La ciudadanía en debate

Es importante reportar que la discusión sobre la ciudadanía y su relación con las prácticas discursivas y argumentativas no implica solamente un abordaje contemporáneo. Contrario a esto, la categoría ciudadanía hace parte del espectro conceptual más explicado y polemizado en buena parte de la historia civilizatoria desde posiciones disciplinares diversas. Es así, tal y como lo reporta Horrach (2009), dicho concepto se transforma y se hace vigente en función de los cambios y de las demandas contextuales a los que se ven expuestas las sociedades humanas en general.

Son, sin embargo, más las perspectivas que relacionan o que implican la ciudadanía particularmente con la estructura formal del Estado y sus formas tradicionales, y si se quiere instrumentales, de concebir la dimensión social y política. Parece, entonces, que esa mirada que focaliza la relación del ciudadano con el establecimiento permite evidenciar algunas paradojas que resultan más que pertinentes para el análisis; y es que dicha postura, por un lado, establece directamente vinculaciones con las formalidades de la dinámica estatal y, por otro, permite hacer explícitas las insatisfacciones y resistencias propias respecto a un sistema político que no representa en muchas ocasiones las necesidades de las poblaciones. Dicha paradoja produce y reproduce tensiones naturales, principalmente para un sector de la población históricamente invisible y ajeno al poder, el cual además parece distante y desprovisto de oportunidades para el ejercicio de la ciudadanía en diversos niveles (González, 2007).

De esta manera se abre la discusión respecto a la relación del ciudadano y las instituciones definidas dentro de su entorno, siendo lo instituido lo que se determina a partir del marco reglamentario establecido por la estructura y la formalización propuesta por el Estado, la posición, las prácticas ciudadanas y las formas de participación; por otro lado, se circunscribe lo instituyente como el cuerpo abiertamente contrario, de reclamación resistente, al margen y en oposición a dicha estructura y sus dinámicas cohesionadoras (Castoriadis, 1997). Este dilema respecto a la ciudadanía y su cohesión con el Estado y su estructura parece definir una relación instrumental y determinista, en la que la política es considerada como una dimensión distante para las personas, tanto en la lectura del contexto como en la definición de acciones y determinaciones decisorias.

Existen, sin embargo, otras maneras de distinguir y resignificar el papel de los sujetos dentro de la dimensión ciudadana, como es el caso de las denominadas ciudadanías políticas, las cuales se constituyen al margen de la “política institucionalizada”, y permiten reformular la institucionalidad misma a partir del capital social construido. Debe entenderse como capital social el grupo de rasgos característicos de la organización social, que van desde la confianza, las prácticas de reciprocidad y las redes de cooperación cívica (Putnam, 1996). Cabe establecer que esta mirada, alternativa de la ciudadanía, resulta interesante precisamente por el fortalecimiento de la vida social, y la articulación de la acción ciudadana en el restablecimiento y la conducción de horizontes de mejoramiento de las comunidades.

Lo que es atrayente de todo esto es considerar que la categoría ciudadanía se vincula de manera estrecha con la cultura y sus propias transformaciones, quedando así expresamente definida la hoy indiscutible relación entre cultura y política. Con esto puede decirse, además, que el espectro de lo político se amplía debido a la integración de nuevos significados y nuevas relaciones en proyectos emergentes de discusión y acción participativa. Podría entonces expresarse que este nuevo panorama que pone en perspectiva cultural la ciudadanía posibilita, asimismo, la emergencia de un panorama político y público que parece trascender hacia la implementación de un proyecto de construcción democrática y de transformación social, desde la diferencia y la equidad (Dagnino, 2005).

Metodología

El proyecto de investigación se desarrolló en el marco de la investigación cualitativa, por su naturaleza, forma de organización, recolección y análisis de la información, con énfasis descriptivo e interpretativo, que permitió comprender los discursos juveniles que sobre ciudadanía se reportan en escenarios urbanos contemporáneos. La estrategia metodológica incluyó al debate como eje central y entrevistas semiestructuradas como estrategias complementarias para dar cuenta de las narraciones que respecto a ciudadanías se construyen.

Esta perspectiva metodológica asumida para el proyecto permitió la integración de la información y su análisis respectivo, por medio de matrices de sentido, en las que se cruzaron de manera directa las categorías con fragmentos textualizados, expresados en el debate y las entrevistas, con su correspondiente análisis. Teniendo en cuenta a la postura epistemológica que le da sentido y explicación al proceso, resulta importante mencionar que es a partir del análisis del discurso que se lograron articular las expresiones narrativas evocadas, con cada una de las estrategias dispuestas para el ejercicio.

Contextualización del debate como estrategia

Si bien son muchas las maneras de poner en desarrollo el debate, a continuación se expondrá de manera concreta la técnica utilizada para el proceso de investigación y que hace parte del formato utilizado por la Mesa de Debate del programa de Psicología.

En primera instancia, se define al debate mismo como un escenario que busca contrastar proposiciones relevantes y decisivas, respecto a un tema preseleccionado con anterioridad en un equipo técnico. Este proceso pone especial énfasis en el desarrollo de habilidades comunicacionales y argumentativas, soportadas desde el pensamiento crítico, así como desde el reconocimiento de la diferencia y la tolerancia. Para esto, entonces, es indispensable poner en confrontación tesis argumentativas, que incluyen tanto la posición afirmativa como también la negativa en dos grupos, lo que significa incorporar en el ejercicio sentidos de equipo colaborativo para su exposición y diseño de estrategia.

El diseño del debate tiene como consideración ciertos aspectos técnicos que posibilitan movilizar y desarrollar la discusión, y así mismo permiten a los evaluadores o acompañantes del proceso tomar apreciación evaluativa del mismo. Enseguida se presenta la ruta diseñada para el debate que los integra.

Grupo 1 Grupo 2
Manejo del tiempo
Pertinencia de la proposición
Argumentos ofrecidos
Trabajo en grupo
Manejo de datos y cifras
Fluidez verbal
Uso del lenguaje
Estrategia
Manejo del auditorio
Coherencia en la estructura

Fuente: guion de debate construido por el investigador.

Procedimiento

Fase I: revisión documental. Levantamiento del estado del conocimiento.

Fase II: selección del grupo de debatientes y organización del formato de debate. En dicho proceso se definen los temarios y criterios del debate, así como las proposiciones respectivas.

Fase III: desarrollo del debate en tres sesiones (tema: posconflicto y paz), y entrevistas semiestructuradas.

Fase IV: organización y análisis de la información: para la organización de la información recogida mediante los métodos de investigación, se realizó la transcripción de las jornadas de debates y las entrevistas semiestructuradas respectivamente. Posteriormente a esto se dispuso el análisis en matrices de doble vía.

Fase V: discusión final, conclusiones y sugerencias del ejercicio.

Participantes

Para el proceso de investigación se definió una muestra por conveniencia de 4 jóvenes universitarios (dos colombianos, un peruano, un mexicano), quienes durante el primer semestre de 2014 se formaron como debatientes en la Universidad Piloto de Colombia, en el marco del proyecto “Debates en Psicología”, promovido por LA MESA de debate del programa de Psicología.

Análisis de resultados

A continuación, se expondrán los resultados del proceso, en los que se cruzan las categorías de análisis con fragmentos textualizados, seleccionados de las entrevistas realizadas.

Argumentación y crítica

En esta categoría claramente se evidenciaron por parte de los cuatro entrevistados posiciones muy particulares respecto a la manera como la práctica del debate posibilita la construcción de competencias argumentativas y de juicio crítico, las cuales son consideradas como constitutivas en la perspectiva de las nuevas ciudadanías. Las reflexiones al respecto se pueden evidenciar en fragmentos como los siguientes:

“Pues la verdad, lo del debate me ha parecido una oportunidad maravillosa para desarrollar la palabra, pero no solo se trata de saber hablar, se trata de saber tomar posiciones y expresarlas con nivel, es decir con fuerza, con rigor… Nosotros los jóvenes hemos perdido esa posibilidad de hablar, y más si se trata de lo que pasa en la ciudad o en el país. El debate me ha ayudado a comprender eso.”

“Cuando decidí entrar a participar en el debate, no imaginé nunca lo que significaría para mí… Sobre todo, en poder exponer mis ideas sin ningún temor y entender todo el proceso de la defensa de una idea… Hoy puedo decir que el debate sirve mucho en la universidad, para materias y demás, pero más allá, sirve para poner la discusión en mi vida cotidiana. Y no hacerlo como antes, sino de verdad pensar lo que pasa y decirlo.”

“Lo que me gusta mucho del debate es conocer mucha gente y poder darme a conocer. Yo vengo de intercambio y son muchas cosas que desconocía del país, pero hacer debate es prepararse desde la crítica misma hacia los temas. No es posible discutir si no te metes de lleno y construyes una posición seria y argumentada… Lo mejor de todo es saber que por más que elabores tu posición, la técnica te obliga a conocer la otra posición.”

Es posible identificar con estos fragmentos elementos distintivos respecto a la categoría argumentación y crítica, que permiten darle sentido, explicación y soporte a la práctica del debate en la construcción ciudadana; y es que precisamente son los procesos argumentativos y de reflexión crítica, como parte del proceso de preparación, desarrollo y evaluación del debate, los que parecen poner en perspectiva al debatiente en horizontes y escenarios distintos, en los que se desarrolla y se relaciona directamente. En este sentido, se destaca la manera como los jóvenes comprenden el proceso de formación y de práctica del debate en la formación de competencias argumentativas, directamente puestas en desarrollo en distintos escenarios cotidianos, permitiéndoles con esto asumirse como sujetos críticos y propositivos en donde saber es indispensable, pero también saber decir con sentido argumentativo (Ramírez, 2008).

Sentido político

Esta categoría resulta, para la comprensión misma del proceso, fundamental debido a la constitutividad que posee la categoría ciudadanía desde la perspectiva contemporánea o crítica. Es así como si se denominan nuevas ciudadanías, de manera directa, se están denominando nuevos sujetos y nuevas relaciones políticas, que finalmente terminan siendo expresadas en distintos fragmentos de los jóvenes entrevistados, quienes de manera directa lo relacionan con el ejercicio del debate :

“Es pensar en quiénes somos como ciudadanos, no colombianos o peruanos, sino como ciudadanos latinoamericanos, que compartimos problemas, pero también compartimos ideas propias, tradiciones y otra serie de cosas que son muy importantes, para la juventud, para todos… Yo insisto en que el debate permite conocer esos criterios y esas maneras de encontrarnos en un tema y discutirlo, pero para algo más.”

“El debate me ha permitido ser reconocido en otras universidades en donde se discuten cosas determinantes para la educación en el país, y no digo que sea solo el debate el que me ha permitido participar, pero sí reconozco que la discusión me aclara muchas cosas que son y que no son y, por lo tanto, puedo hacer con esa información cosas, cosas para mejorar.”

“Yo sí me voy pensando muchas cosas, después de haber participado en los debates de la Piloto… Mi país está viviendo una gran crisis política y en parte es porque existe demasiada desinformación en temas como el narcotráfico, o los grupos violentos. El desafío es conocer y hacer, para tener un mejor país y unas mejores relaciones entre todos… Todo depende de lo que pensemos juntos.”

A partir de estos fragmentos se puede determinar de manera concreta cómo distintos elementos constitutivos de la categoría sentido político se manifiestan explícitamente dentro de la narración de los jóvenes que hacen parte de la práctica del debate. Como primer elemento se destaca la apropiación que como sujetos políticos se tiene del espectro ideológico, el cual parece considerarse como transversal en la acción propia de los jóvenes que comparten un territorio como el latinoamericano; se suma a esto una idea concreta de participar activamente en escenarios propositivos y de discusión contextual, que intentan resignificar su sentido político en algo más deliberativo y crítico. Como segundo elemento distintivo de la construcción del sentido político aparece la situalidad de la reflexión crítica propuesta por el debate, es decir, la posibilidad de incursionar en la realidad política por medio de la discusión y la argumentación sistemática, que posibilita en los jóvenes comprenderse desde nuevas relaciones colectivas de confianza y reciprocidad (Putnam, 1996).

Relaciones lingüísticas

La última categoría del estudio, denominada relaciones lingüísticas, se considera como sustantiva de la práctica del debate, precisamente por los marcos lingüísticos y argumentativos que circulan a lo largo de la misma experiencia, que posibilitan, entre otras, la construcción de espacios alternativos para ejercer desde la palabra nuevas formas relacionales y políticas en el contexto universitario. Esta dimensión categorial queda expresada a lo largo de las narraciones de los jóvenes debatientes, siendo los siguientes fragmentos algunos de los más representativos:

“Debatir es aprender a atender y a entender las posiciones contrarias… No se trata de comenzar a argumentar como si estuviéramos solos, se debate con otro, que es mi compañero ante todo o mi amigo, pero que en el debate nos encontramos y discutimos, no para saber quién gana, sino para confirmar que podemos mirarnos a los ojos y darle vueltas a un tema sin ningún problema… Lo que se dice es muy importante para el otro… Y eso en la calle debería también entenderse.”

“Yo digo lo que opino, no para mí, sino para quien me acompaña en el debate… Todos jugamos al debate todo el tiempo, lo que no

sabemos es que con mis palabras alejo o acerco a las personas que me escuchan… Hay que aprender a hablar para aprender también a escuchar… es fundamental para la comprensión entre nosotros mismos como personas, como jóvenes y como ciudadanos.”

“El grupo que hemos conformado con la mesa de debate, incluso los que hemos venido de intercambio y que nos gusta esto, pues ha sido muy enriquecedor… es como hablar para conocer… Hoy puedo decir que fue una oportunidad de sentirme colombiano y de conocer sus problemáticas, que son muy parecidas a las de mi país, y además conocer desde los ejercicios de debate, nuevos temas y sobre todo nuevas personas, hoy muy significativas para mí.”

Sobre la base de lo anterior, puede decirse que la práctica discursiva inherente al escenario de debate pone a las relaciones lingüísticas como transversales en la comprensión de las ciudadanías juveniles universitarias. Si bien las categorías anteriormente expuestas ponen a circular elementos constitutivos de la ciudadanía, es la categoría relaciones lingüísticas la que fundamenta de forma directa la relación con lo conversacional sugerido por el debate como técnica. Esto se ve claramente explicitado en los discursos expuestos por los participantes, destacándose en principio cómo la posibilidad de interlocución supone la definición de un campo de acción colectiva, que pone el acento en el reconocimiento del otro, más allá de una simple consideración de par comunicativo. Es así como el debate configura de manera práctica un espacio para la construcción de sujetos a partir del lenguaje argumentativo y crítico, que para los jóvenes significa encuadrarse relacionalmente en otros espacios propios de la vida cotidiana, incluso en los que demandan participación y apuestas propositivas (Ramírez, 2008).

Conclusiones

El proceso, por sus particularidades, permite dar cuenta de una gama diversa de conclusiones, que no solo se detienen en los hallazgos concretos o en los asuntos

meramente procedimentales, sino que adicionalmente se instalan en la misma reflexión conceptual y epistemológica que soporta la construcción que sobre ciudadanía construyen los jóvenes universitarios. Es preciso, entonces, poner en perspectiva cada una de esas dimensiones en las que se sustentan dichas construcciones, para así finalmente comprender los aportes de la práctica del debate en la emergencia de nuevas ciudadanías juveniles.

  • El debate como estrategia pedagógica, utilizada pretextualmente para el abordaje de temas sociales y políticos de interés, se convierte en una práctica que, además de fortalecer competencias comunicativas argumentativas, dispone de nuevos escenarios para la reflexión del joven como sujeto reflexivo y crítico, así como también recrea la necesidad de constituir nuevas prácticas de socialización y construcción de realidades para la propositividad.
  • La discursividad y las apuestas argumentativas, como elementos constitutivos de la práctica del debate académico, se encuadran de manera directa dentro de las apuestas críticas y emergentes de las nuevas ciudadanías, en las que precisamente se enfatiza sobre la articulación de nuevas prácticas sociales y de reconocimiento colectivo.
  • El sentido político, que se reproduce y se dinamiza en los encuentros conversacionales, da cuenta de lo relevante de la discusión sobre lo público, lo identitario, lo colectivo, lo democrático y lo participativo, y que para el contexto de lo juvenil se convierte en una oportunidad sentida para visibilizarse en contextos decisorios no necesariamente universitarios.
  • La integración cultural, que para el caso de la investigación incluyó jóvenes de distintas nacionalidades latinoamericanas, jugó un papel fundamental en la definición, sentido y desarrollo mismo del debate y de sus prácticas asociadas, logrando incorporar categorías comunes que, desde la discusión, resultaron reconocidas e interpretadas también desde el sentido colectivo.
  • Respecto al proceso investigativo puede decirse que la estructura misma del proyecto “Debates en Psicología”, el cual incorporó espacios
  • formativos, espacios investigativos y de encuentros argumentativos permanentes, permitió un acercamiento constante y muy activo entre los jóvenes y la metodología, lo que finalmente redundó en la calidad y apropiación del proceso y de los discursos construidos acerca del mismo.
  • Para el contexto colombiano, e incluso latinoamericano, es indispensable recalcar la importancia que tiene para el proceso de formación la apropiación de los procesos sociales y políticos locales, los cuales se convierten en ejes esencialmente discursivos y de enunciación que posibilitan repensar y resignificar la posición de los jóvenes en marcos y escenarios plurales.
  • El debate como pedagogía se constituye en un elemento diferenciador para el reconocimiento del contexto, como fundamento esencial de toda apuesta ciudadana propositiva y transformadora en la que, desde la construcción interdisciplinaria e intersituada, se advierte cómo la palabra visibiliza y potencia los sentidos políticos, identitarios y relacionales de los participantes.
  • Referencias

    Bruner, J. (1988). Realidad mental y mundos posibles. Barcelona: Gedisa. Cattani, A. (2003). Las reglas del diálogo y los movimientos de la polémica. Quaderns de filosofia i ciencia. Universidad de Valencia. Gergen, K. y Gergen, M. (1983). Narrative and the self as relationship. En L. Berkowitz, (Ed.), Advances in experimental social psychology. San Diego: Academic Press. Horrach, J. (2009). Sobre el concepto de ciudadanía: historia y modelos. Factótum. Revista de Filosofía. López, A (1995). Retórica antigua y retórica moderna. HVMANITAS, 47. Salamanca. McDermott, R., Cowden, J. y Koopman, C. (2002). Framing, uncertainty, and hostile communications in a crisis experiment. Political Psychology, 23.

    Montero, M. (2002). La construcción de ciudadanía como una respuesta posible a la agresión discursiva. V Congreso Internacional de Psicología Social de la Liberación Guadalajara, México. Ramírez, M. (2005). El debate académico y la argumentación como estrategias de formación docente: Experiencias desde la teoría de la educación a la práctica en ambientes a distancia. Revista de la Red de Posgrados en Educación, 2, 83-94. Ramírez, J. (2008). La Retórica, fundamento de la ciudadanía y de la formación escolar en la sociedad moderna. Foro interno. Madrid: Universidad Complutense.

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    Wittgenstein, L. (1953). Philosophical investigations. Trad. G. Anscombe. Nueva York: Macmillan.

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